¿Qué sucedió en la Cumbre por la "Acción" Climática de Nueva York?

¿Qué sucedió en la Cumbre por la "Acción" Climática de Nueva York?

Durante las últimas semanas la crisis climática ha sido probablemente el tema más abordado en el debate público a nivel global. Las masivas manifestaciones alrededor del mundo y la intervención de Greta Thunberg en el marco de la Cumbre de Acción Climática 2019 llevada a cabo en Nueva York el pasado 23 de septiembre, mostraron a una ciudadanía clamando por la acción urgente de los gobiernos.  Pero muy poco se dijo sobre los resultados de la Cumbre de Acción Climática, quizá porque paradójicamente tuvo muy poco de acción y mucho de promesas y anuncios. Esto a pesar que el Secretario General de la ONU, António Guterres, conminó a todos los líderes para que acudieran a la Cumbre “con planes concretos y realistas” que mejoren sus contribuciones a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés) para 2020, “con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, un 45 % en los próximos diez años y a cero para 2050”.

Los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo, China, Estados Unidos e India, no ofrecieron nada o muy poco respecto a sus compromisos para reducir las emisiones.

En el caso de India, sus NDC están en línea con un alza de 2 grados centígrados de la temperatura global, lo que no es suficiente para alcanzar el objetivo de 1,5 grados centígrados. Por su parte, el primer ministro de India, Narendra Modi, prometió que aumentará su capacidad de producción de energía renovable de 175 gigavatios a 450 gigavatios para 2022, pero no hubo anuncios respecto a disminuir su dependencia del carbón.

El anuncio de la reducción de emisiones de China no aportó cambios importantes a lo que ya se había comprometido anteriormente, esto es una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en más de 12.000 millones de toneladas anuales. Sin embargo, China sigue sin concretar cuando llegará a su “peak”  de emisiones y empezará a reducirlas de forma real.

Por parte de EEUU, como es sabido, Trump ha declarado abiertamente su desprecio por la ciencia del clima y ha trabajado para deshacer las políticas que limitan los gases de efecto invernadero del país, por lo que lamentablemente no hay mucho que esperar.

En este contexto, es posible asegurar que el escenario es crítico, toda vez que hoy lo que se requiere es que los países se comprometan con contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) más ambiciosas que las que establecieron en 2015 cuando se firmó el acuerdo de París, y que comiencen su ejecución en 2020. Sin embargo, muchos países aún tienen serias dificultades para cumplir los objetivos suscritos hace cuatro años, y las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero siguen aumentando. Aunque el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, anunció que 70 países planean llegar a NDC más ambiciosas en 2020, lo cierto es que los países que lo anunciaron oficialmente son sólo 23 y juntos representan el 6.8 por ciento de las emisiones globales. Estos países son generalmente países pequeños altamente vulnerables a los efectos de la emergencia climática tales como Islas Marshall, Belice, Costa Rica, Dinamarca, Fiji, Granada, Luxemburgo, Mónaco, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Santa Lucía, Suecia, Suiza y Vanuatu.

Gran parte de los anuncios y compromisos fueron en torno al incremento de fondos provenientes de países desarrollados para que otros países, por cierto no desarrollados, hagan frente a la crisis climática. Más de 60 líderes mundiales subieron al escenario el lunes 23 de septiembre para hablar sobre sus contribuciones revisadas a la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero, muchas de ellas de países pequeños con emisiones relativamente bajas. En otras palabras, mientras países pequeños con emisiones relativamente bajas prometieron desplegar más energía limpia y retirar las plantas de energía de combustibles fósiles; los países más ricos básicamente comprometieron fondos para la asistencia internacional de los países que enfrentan las consecuencias más severas del calentamiento global. Varios países ricos anunciaron más dinero para programas como el Fondo Verde para el Clima de la ONU (GCF por sus siglas en inglés), un programa que ayuda a los países en desarrollo a reducir sus emisiones, restaurar los ecosistemas secuestradores de carbono y adaptarse a las inevitables consecuencias del calentamiento. El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro británico, Boris Johnson, anunciaron que sus países duplicarían su financiación del GCF y los programas relacionados. Países como Islandia, Suecia, Dinamarca, Noruega, Francia, el Reino Unido y Canadá, informaron que la próxima ronda de financiamiento para el GCF de estos países totalizará más de 7 mil millones de dólares.

Las empresas y el sector financiero también han hecho anuncios que involucran muchísimo dinero. Un consorcio de fondos de pensiones y compañías de seguros con $ 2.3 billones bajo administración se comprometió a terminar todas sus inversiones en industrias intensivas en carbono para mediados de siglo. Por su parte, grupos de inversionistas, incluido el gigante de seguros Allianz, prometieron deshacerse de los combustibles fósiles, y se anunciaron nuevos fondos para la adaptación y mitigación del cambio climático. Además el ex presidente de Microsoft, Bill Gates, anunció $790 millones para ayudar a los pequeños agricultores a adaptarse al cambio climático, con fondos de la Fundación Bill y Melinda Gates, el Banco Mundial y varios gobiernos.

El rol de Chile

En la reciente Cumbre de Acción Climática de Nueva York, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, en su rol de próximo anfitrión de la COP25, jugó sus cartas para posicionarse como líder de las gestiones con otros países para elevar sus NDC. Una muestra de lo anterior fue su anuncio de haber logrado con la ayuda de las Naciones Unidas, que 30 naciones, entre las que por supuesto está Chile, se comprometan a neutralizar sus emisiones de carbono antes del año 2050. Piñera también anunció la creación de una Alianza de Ambición Climática a la que se han unido 66 países que se han comprometido a aumentar sus Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC) en el Acuerdo de París y cuyos resultados serán anunciados en la COP25 de Santiago de Chile.

Sin embargo, el principal problema que enfrentan ambos anuncios, (países carbono neutral al 2050 y NDC más ambiciosos) es que siguen en el marco de anuncios pero aún no se traducen en políticas de implementación concretas en los respectivos países. Como ejemplo Francia y Reino ratificaron en Nueva York que serán neutrales en carbono en 2050, pero aún no  concretan medidas que muestren las posibilidades reales de éxito. En el caso de Alemania, su ministra de Medio Ambiente, ha reconocido que su país mantiene el compromiso de ser neutral en carbono pero que todavía no sabe exactamente cómo hacerlo.

En el caso de Chile, Piñera sostuvo que el país se encuentra avanzando en cuatro pilares para lograr sus objetivos: la descarbonización total de la matriz energética; la transformación del sistema de transporte público a un sistema eléctrico; el establecimiento de estándares de eficiencia energética en todos los sectores; y la elaboración de un ambicioso plan de reforestación. El climatólogo de Climate Action Tracker Niklas Höhne aunque valora la existencia de un plan de descarbonización sostiene que “El Plan de Descarbonización supone muchas cosas que no están siendo legisladas ni implementadas, entonces lo tomamos como un escenario de políticas planificadas. La diferencia entre los planes y las políticas actuales es enorme”.

En efecto, una de las grandes críticas que han surgido en Chile respecto al rol asumido por Piñera en el extranjero, no se condice con la agenda interna que ha tenido el gobierno en materia medioambiental. La COP25 encontrará a Chile con alrededor de un 52% de su matriz eléctrica proveniente de fuentes fósiles, sin soluciones efectivas hacia las zonas de sacrificio, con una de las peores crisis hídricas de su historia, sin un impuesto verde que incentive efectivamente a las termoeléctricas a salir del sistema, y sin firmar el tratado de Escazú.  Mientras tanto, la ciudadanía se moviliza masivamente, como ocurrió el pasado 27 de septiembre, y  también organiza de cara a la COP25 de diciembre próximo. A su vez la elite empresarial del país debate entre los “negacionistas” que ven una amenaza en sólo abrir la puerta a discutir los cambios necesarios para hacer frente a la crisis climática, y los “incidentes” que reconocen la emergencia climática como una realidad y por lo tanto, mientras más cerca estén de los espacios de toma de decisiones, podrán resguardar de mejor manera sus intereses e incluso vislumbrar las perspectivas de negocios que se abren. Este último grupo ha asumido la responsabilidad de convertirse en el financista de más de la mitad de los fondos totales considerados necesarios para la realización de COP25.

En resúmen, la pasada Cumbre de acción climática llevada a cabo en Nueva York, sólo ha venido a agregar presión a los resultados que deberá exhibir la COP25 de diciembre próximo. Los gobiernos tendrán que precisar cómo planean cumplir sus promesas, y los países que aún no han actualizado sus NDC se emplazados tanto por los demás países como por las masivas manifestaciones y actividades que se avizora ocurrirán en paralelo a la cumbre oficial. En el caso de Chile, el gobierno deberá buscar la manera de equilibrar el posicionamiento internacional de Piñera con la capacidad de exhibir resultados en su frente interno, es decir, en estos pocos meses previos a la COP25 deberá pasar tomar medidas ante la crisis climática que ya afecta a Chile, y que estas sean bien valoradas por la ciudadanía.

 

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